Pimientos de Padrón

Es un habitual en cualquier bar de tapas. Y un clásico de la cocina gallega. De bocado, sabroso, picante o dulzón, acompaña bien a la tortilla, los pescados y las carnes. Se sirve frito. No hay discusión. Sí que hay debate acerca de varios falsos mitos que rodean a sus orígenes, gusto y cultivo. Es el pimiento de Padrón, una variedad que en verano alcanza el mejor momento.

La frase popular dice en “pementos de Padrón, uns pican e outros non”. En Galicia, el número de expertos no se puede ni contar. Todo el que se ha comido un pimiento picante cree saber el porqué de ese ardor. Apuntan al tamaño y la forma del fruto o a las altas temperaturas.

No van desencaminados. Y no es casualidad. Tiene una explicación. “Una misma planta da pimientos dulces y picantes, pero el porcentaje de los que pican es muy pequeño”,  “No presentan una estructura igual. Suelen tener mayor dureza. El calor puede acelerar ese picor porque la capsicina (sustancia que el pimiento contiene en la parte blanquecina de su interior) se desarrolla más rápido”.

"Los pimientos que pican suelen tener una mayor dureza”

El Consejo Regulador del pimiento de Herbón, denominación de origen protegida, indica en su página web que el picante depende “tanto de las características genéticas de la variedad, como de las condiciones ambientales: temperatura, humedad, composición del suelo, fertilización y estado de desarrollo del fruto en el momento de la recogida”.

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